Placeres concupiscentes. Historias de un escritor

Intento escribir aquella historia de placeres no escondidos, de intentos fallidos y la coyuntura de personajes extrovertidos, sin moralidades. Soy Violetta, y busco ser famosa, o tal vez sólo me proyecto. Aquí voy:

Primer acto. Intento uno, escapar.

En un soliloquio.

“Ahí tienes, una corriendo como pendeja y el otro nomás viéndote. Él me dijo te amo, y yo no lo soporté. Yo sólo quería una aventurilla de fin de semana, probarlo y luego ser su amiga, sin derechos, pero él ya tenía armado su plan.

No es que uno se envicie, es que los vicios lo corroen, lo enajenan, lo envenenan, y luego desprenderse es difícil, tanto que mejor uno no lo intenta. El hedonismo se apodera de mi subconsciente, mientras yo me apodero de tu ego consciente. Como consciente es mi obsesión por tu desmesurada pasión.  Pero dejémonos de absurda retórica, y mejor explícame ¿qué es lo que usted pretende al enamorarme? Porque también sé que no soy yo la única en su burdel.”

En un  bar

-Hola, ¿vienes sola?

– No.

– ¿Con quién vienes?

– Vengo con mis 165 almas

– Ah… entonces, ¿puedo acompañarte?

– ¿y para qué?

– Para invitarte un trago y después, quizás, llevarte a la cama. Si es que estás ebria, si aún sigues sobria, entonces un poco de retórica, y después llevarte a la cama.

– ah… bueno. Siéntate.

– Bien, ya que llegamos a un acuerdo, ¿sexo?

Segundo acto. De lo superficial, a lo rosa.

Tercera persona.

Érase una vez, una estúpida princesa que creía en los cuentos de eterna felicidad, hasta que se enamoró de un pendejo que jamás estuvo listo. Luego, la misma princesa, creía en el por siempre jamás… se enamoró de su jamás. Y finalmente, la misma princesa, ya no creía en el siempre ni el jamás… Y ahí está la historia, el mismo oxímoron. Ambiguo e inequívoco destino de la princesa rosa, el desamor y la malcogidez, al menos que en esta historia la pobre princesa tenga al sapo consolador. O algo así.

La princesa no tiene quien le escriba, morirá de desamor.

La princesa no tiene quien le llame, decaerá en la desolación.

La princesa no tiene quien la ame, buscará en el sexo y la pasión.

**

La misma historia de amor, otra vez. ¿Será que como incipiente escritor, necesitaré desprenderme de las historias, que llevo cargando en los hombros, para contar un final feliz? No, odio lo finales felices y esos no llaman la atención. Mejor borrar.

Tercer acto. La historia y el intento.

Soliloquio.

“Entonces, ahí tienes a mi concupiscente deseo, tú. Quien a su vez lo intenta con dos más, mientras yo, desde el estrado, observo a los títeres del drama moverse. Y no es que sea yo una escapista escurridiza, es que este es el tercer intento, y yo soy tu tercer sustento.

Después del bar, tuvimos sexo. Salí de la escena y pensé, uno más, uno menos del cuál enamorarme. Pero tú eres un obstinado, y yo soy quien escribe la historia. Al final, traigo amores atorados y usted aún no me ofrece la exigua absolución.

Dos días después volvió e insistió una vez más, cedí, qué más daba una o dos, quizá hasta costumbre y cada vez que tenga ganas, nos buscamos y ya. Pero no, tenías que besarme y decir estupideces eróticas, que luego se convirtieron en pendejadas cursis, como “te amo” y todas esas cosas… como si no supiera yo que yo era la tres. Como si no supiera usted, que de mis velas encendidas, era la tercera.”

***

Toda esta parafernalia, me causa conflictos egocéntricos para armar esta historia. Pensarlo todo 2  veces, para cagarla en la tercera. O ¿cuántas veces hay que escapar, para obsesionarte?

Tú decides.

Del mismo autor:

Share

5 pensamientos en “Placeres concupiscentes. Historias de un escritor”

  1. – Pendejadas cursis, pendejadas cursis– repitió maquinalmente – al menos hubiese esperado que me lo dijeras en ese momento, mientras tú de espaldas, te penetraba, ¿crees que todo lo que dije fue cierto?– afirmó con una siniestra sonrisa; –¿acaso no pensaste por un solo instante que solo trataba de llevarte a la cama?, ¿siquiera te pregunté tu nombre? –

    – Y si realmente lo sabías, ¿por qué tanto drama? búscame cuando tan solo quieras coger– remató.

  2. Bastante interesante, me gusta como todo es lo mismo pero parece a primera instancia ser cosas diferentes, que hablan de la misma persona pues.

    Yo hubiera omitido la presentación inicial y dejar que el texto hablara por sí solo, pero sin embargo me gustó.

  3. Después de la lectura, llego a tres conclusiones:

    1. Me gustó bastante tu relato.
    2. Me declaro ignorante y desconozco el significado de las palabras: concupiscente, soliloquio y oxímoron, pero aprovechando que hay poco trabajo, me daré una vuelta por el DRAE.
    3. No si si se trata de un género literario en particular, drama tal vez, lo cierto es que me hizo reir y eso, a estas alturas del día, es bastante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *