El ultimátum

Las uñas rojas de Deessa golpean el teclado con fuerza mientras sus ojos atentos a la pantalla no dejan salir las lágrimas que los inundan. Casi podría ver del otro lado del monitor al destinatario del mail que escribe, pues conoce perfectamente su rutina; en este momento estará llegando a su oficina con un café deslactosado en la mano, se quitará el saco y se sentará en su escritorio para comenzar a trabajar interrumpido de cuando en cuando por cursis charlas en el mensajero con esa mujer, la causa de sus lágrimas, la enemiga a vencer, quien hoy por fin desaparecerá de su vida.

Había sido suficiente de citas a escondidas en hoteles de lujo y llamadas en medio de la noche, algunas respondidas, otras no, dependiendo de la compañía. Desde la primera vez que lo vio lo había querido para ella y siempre se salía con la suya, ésta no sería la excepción. No importaba que él dijera estar enamorado de otra, Deessa sabía lo que veía en sus ojos cuando la miraba, cuando besaba con furia sus labios pintados de rojo intenso, cuando acariciaba su piel blanquísima. No quería, ni podía, seguir viviendo sin él y sabía que él tampoco querría vivir sin ella. Ésta, era la prueba final.

Mientras tanto, David llega al centro de cómputo, su lugar de trabajo. El día no pinta nada bien, el América perdió de manera abrumadora el fin de semana y sabe que sus compañeros se burlarán hasta el cansancio del rompevientos azul y amarillo que, a pesar de todo, porta con orgullo. Llueve y fue complicado poderse subir al metro entre tanta gente. Cuando estudió para técnico en informática y computación, creyó que le esperaba un futuro mejor, mejor que los gritos mañaneros de su jefe porque algún servidor se cayó. Avienta su mochila fastidiado entre las rechiflas de sus compañeros por su atuendo y se dispone a ver que ha pasado con la red institucional en el transcurso de la noche.

Después de leer por enésima vez lo que ha escrito, por fin presiona el botón “Enviar”. No hay posibilidad de error, sabe que en cuestión de segundos, él recibirá su ultimátum. Toma un poco de agua con la pastilla. Dos horas es más que suficiente para que él lea el correo, salga apresurado de su oficina y llegue a tiempo. Lo conoce, nunca podría renunciar a ella aunque insista en decir que sólo la desea.

Vuelve a pintar sus labios de rojo, se mira en el espejo. Se ha puesto aquel coordinado negro que a él le encanta y los zapatos rojos que lo enloquecen, quiere verse bonita para recibirlo en el momento en que por fin dejen de ser un secreto. Tal vez le dolerá un poco dejar a esa mujer con la que comparte su vida, siempre habla maravillas de ella, pero poco a poco, perdido en sus brazos, se olvidará de los otros que lo han abrigado por las noches, hasta hoy.

David comenta con sus compañeros el arbitraje del juego de ayer, tratando de defender a sus Águilas queridas, cuando el jefe sale de su oficina exaltado, preguntando por qué no está en su lugar. Hay un problema con el servidor de correo, los mails no están llegando. David corre a su lugar y verifica la funcionalidad de la red, el servidor no está respondiendo, tal vez deba reiniciarlo.

Deessa se recuesta en la cama y cierra los ojos. Una dulce somnolencia se apodera de ella, recuerda los ojos de su amante puestos sobre su cuerpo y sonríe esperando verlo entrar corriendo de un momento a otro por la puerta. Tal vez la reprenda un poco, pero ya está acostumbrado a sus locuras; al final, todo saldrá bien. A lo lejos, escucha el teléfono, pero no tiene fuerza para contestarlo. Quizá dormirá un poco, segura de que él la despertará con sus besos…

David mira triunfal el monitor, la recepción de correos se ha reestablecido. El servicio se suspendió solo por unos minutos y tal vez algunos de los correos recibidos en ese lapso se hayan perdido. Pero nada de vida o muerte…

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8 pensamientos en “El ultimátum”

  1. Ooooh, es un relato de ficción, ¡es un relato de ficción!

    Oye, está genial. Me gustó mucho la referencia shakespereana ja, bueno yo espero que en realidad no esté muerta y que 'ese' Romeo se… bueno, ya sabes la historia.

    Me gusta porque caché de inmediato lo que 'la pastilla' podría significar. Chantaje al máximo ¿no? 'Nada de vida o muerte …'

    Lo único por lo que no le pondría cinco estrellas es el nombre de la protagonista (o de el protagonista, uno de los dos), pero eso es cosa mía ja.

    ¡Bien, felicidades!

  2. Eso de Romeo y Julieta, para nada, la tal Deesa era una vulgar chantajista que merecía morir.

    Ups, creo me deje llevar. Me gusto mucho, aunque el final se prevee desde que se menciona la pildora, sin embargo no deja uno de disfrutarlo, jejeje.

  3. Luisz,
    Gracias! Sobre todo porque sé que estás siendo imparcial (otss)…

    Dib,
    También muchas gracias!…aunque tú y yo tenemos pendiente un pleito Beatlero, eh? ¬¬

    Yair,
    Ay pues más que Romeo y Julieta, pues creo que como dice Luisz era chantaje vil… gracias!

    Kiddo,
    Totalmente de acuerdo! la muy perra merecía morir… ¬¬

  4. Gracias por su mensaje importante! Verdaderamente disfruté al leerlo, usted podría ser un gran redactor. Me asegure de marcar a mis favoritos su blog y retornare pronto. Quiero animarle a continuar en última instancia con sus interesantes post, que tenga un agradable fin de semana!

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