Una triste campana…

Teníamos todo listo.

Una organización de primer nivel.

Una gran convicción hacia el fin perseguido.

Una total fe hacia nuestro líder.

Una capacidad de tener una doble vida sin dejar rastro alguno.

Sesionábamos cada primer jueves del mes en curso. Ahí decidíamos cuál sería la siguiente ubicación para seguir con nuestra conspiración contra el sistema.

Todos los que asistíamos sabíamos perfectamente cuál sería la sanción hacia nuestras reuniones secretas, si las mismas eran descubiertas por el ejército del rey.

Los que sabían de derecho hablaban de un nuevo concepto llamado soberanía nacional y de “Constituciones”; los que sabían de política hablaban de un Estado ideal, del pueblo y para el pueblo; los que sabían de contabilidad, hablaban de un nuevo régimen patrimonial llamado capitalismo; los que sabían de estrategias militares, hablaban de armas y puntos a tomar en orden de importancia; los que sabían de agricultura, hablaban de una nueva Nación basada en el mercado interno; los que sabían de letras, hablaban de una nueva educación para el pueblo; los que sabían de física y química, hablaban de fuentes alternas de energías; los que sabían de espiritualidad, hablaban de una cura para el alma en perfecto equilibrio con el cuerpo; y los que sabían de tecnología, sepa la madre de qué hablaban porque solo ellos se entendían entre sí.

Al día de hoy, nunca he vuelto a ver ni a saber de ninguno de ellos.

Todos queríamos un mejor nivel de vida.

No sólo para nosotros, sino para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, y así sucesivamente.

Nunca me había sentido parte de una Nación, hasta que me uní a ese grupo de personas que no hablaban de promesas a futuro, ni de impuestos, ni de designación divina; sino de unión y de un fin en común: purificar la Patria.

El plan era sencillo, en palabras fáciles, demarcaríamos territorialmente el país en dos partes, si no era por las buenas, sería por las malas, al Norte se irían ellos con su rey, y al Sur, nosotros con nuestro parlamento.

Sí, sería un golpe de Estado y quizás un acto de autoritarismo, pero la Patria exige a veces, determinados sacrificios. Y nuestra Patria, era muy diferente a la de ellos.

A veces, yo temblaba, y temía perder todo lo que poseía, mi familia mis posesiones al servicio del soberano, mi seguridad… pero cuando mi pequeño hijo tomaba mi mano, mis dudas se disipaban y la certeza de mis ideales volvían a mí.

Sé que a todos nos sucedía lo mismo.

Elegimos descubrirnos al mundo ese día porque los que sabían de tecnología abrirían una red alterna invisible a los satélites del país, que activarían una falla de luz que nos permitiría entrar a las oficinas gubernamentales y entrar al sistema para dar un nuevo formato a todas las máquinas conectadas a la matriz energética, y derrocaríamos al absolutismo en que se encontraba nuestro pueblo.

Nuestro líder sabía que quien controlara la tecnología, controlaría al mundo.

Cada uno estuvo a la hora indicada en el lugar indicado, esperando la falla eléctrica producida por los –hombres de tecnología–, pero ésta nunca aconteció.

O mejor dicho sí aconteció, pero de manera invertida.

No se perdieron los datos de la sucia Patria que nos corroía, sino toda la fuente de datos de nosotros: se perdió todo, nombres, direcciones, estrategias, reglamentos, códigos de honor, todo… y con ello, el triunfo de la democracia sobre la anarquía.

Al día siguiente los periódicos hablaban de un movimiento subversivo fracasado, y el rey dijo que perseguiría a todos y cada uno de los que formábamos parte del mismo y nos ejecutaría en plazas públicas.

Todos moríamos de miedo, y se oyó decir que ese día muchos pusieron fin a su vida y a la de sus familiares por propia mano, evitando así la tortura y la decapitación.

Yo hubiera hecho lo mismo, de no ser porque un día después del anuncio del periódico, es decir, dos días después del fracaso del movimiento, otra insurrección con diferente estrategia, se sublevó contra la corona.

El movimiento fue dirigido por un campesino que congregó a la población a través de campanadas de la iglesia.

Once años después, el movimiento iniciado por dicho campesino triunfó.

Al día de hoy, que veo la manera en la que la –democracia ajena– ha triunfado, no dejo de pensar un sólo momento cómo sería nuestro Estado si nuestros conocimientos tecnológicos hubieran sido mejores que una triste campana….

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12 pensamientos en “Una triste campana…”

  1. Estuvo muy, muy bien. La verdad si quedó muy chingón. Yo siempre me he preguntado que pasaría si tuviéramos un ingenio como de los japoneses (porque eso del "ingenio mexicano" es una falacia) que en unos años se recuperaron de la peor crisis social y económica de su historia…

  2. Mi Jess

    A veces, para hacer una Revolución (como ya se demostró ya en el pasado), hace falta determinación, compromiso y unión, antes que grandes adelantos técnicos. Me gustó tu relato.

    Un beso

  3. inevitable pensar en esa postura despues de leerte.

    has visto que chiquito era el cura Hidalgo?.. su casa tiene las puertas todas chaparras y su camita ..ojala huboera tenido un iphone con gps en esa epoca, que util le hubiera sido. XD

    perdoname, si no opino politicamente como seberia de ser, pero es que ya dijiste todo y me queda mas que opinar, aprender.

    gracias nena, un gusto leerte como siempre. besos

  4. Las revoluciones se hacen inevitablemente a punta de madrazos, campana o no de por medio.
    Me gusto mucho, sobre todo muy acorde con las celebraciones.
    No es el tema que te dan, sino la forma en que lo desarrollas, y lo que has hecho tú, lo demuestra con creces.

  5. Muy bueno, ese juego con el tiempo muy bueno.

    Lastima que lo que sucedio en 1810 no logro su cometido final.

    Entre esas esferas que manejaste, seguimos siendo colonia

  6. paca, hey hola! me alegra que te haya gustado! muchísimas gracias por tu lectura!!

    capitán, que conste que sabes todo mi sacrificio para escribir esta historia! 5 estrellitas para mí!! yeah!! abrazosss!!

    kyuutz, muchas gracias por seguirme hasta acá!! snif… se siente requete bonito 🙂 y bueno…. este país, tenía todo para ser potencia mundial… no sé en qué parte se perdió la visión inicial… 🙁
    un abrazotote blogstar!!

    Dib, mmm creo que eso pasa cuando ponen a una mujer de códigos a escribir de tecnología… 🙁
    saludos!

    Mi estimada Marichuy, fíjate que teniendo esas tres cualidades, ni una campana, ni un ejército, ni un rey, pueden detener la insurrección… los adelantos tecnológicos… jiji eran el tema central del post 😛 pero como nada sé yo de tecnología jiji decidí darle un giro de lo que sí sé 🙂
    gracias, gracias por tu visita!!

    Sonia linda!! fíjate que nunca he sabido cuánto medía, de por sí me mega impresioné cuando vi en Palacio Nacional el tamaño de los muebles de Juárez…. qué raro no? yo los imaginaba más …. altos.
    … y de política pffff yo qué puedo decir que no se haya dicho antes ya…. sin palabras.
    te mando un abrazototote linda y muchas gracias por tu visita hasta acá! 😀

    kiddo, con la única excepci+on de la revolución industrial, efectivamente… todos los movimientos han sido armados y es prácticamente imposible pensarlo de otra manera.. y jajaja no creas, quizás el que me haya tocado en esta fecha fué lo que me dio una ligera idea de mi tema, le busqué y le busqué desde que nos dieron fecha!!! … gracias por tu gentil comentario. 🙂

    C.A.K., nene!!!!! qué le puedo decir yo a un rebelde con causa… que tu espíritu eufórico fue lo que me atrapó de ti angelito!! te mando un arazotototote!!

    Muchas gracias por sus comens!!

  7. Bueno, namás porque no soy historiador yo, y además porque no le encontré errorcitos (de primera intención), pero si me siento tentado a decir lo mismo que en el relato del Sr. Violencia.

    No, ya en serio, al menos, si ibas a hacer un chistoretín debiste haber avisado …

    🙁

  8. partner, jajaja era una historia ficticia…. basada únicamente en la idea de un error tecnológico en una sociedad ficticia, y bueeeeno, todos bromeamos en este capítulo, ¿qué no?
    Saludosss!!

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