Ella

Después de tanto tiempo, aun recuerdo como se sonrojaba cuando acostada sobre mi lecho, lentamente la desnudaba y atentamente la contemplaba.

–“¿Por qué a mi me desnudas toda y tu te quedas vestido?” era siempre su reproche, el cual era la indicación que yo estaba esperando para desvestirme todo. –“Siempre te desvistes todo, eso me gusta” decía con cara de satisfacción al haber logrado su cometido.

Y, aunque sé que no era la más guapa del mundo… juro que era más guapa que cualquiera.
J. Sabina.

Después de tanto tiempo, aun recuerdo como se sonrojaba cuando acostada sobre mi lecho, lentamente la desnudaba y atentamente la contemplaba.

–“¿Por qué a mi me desnudas toda y tu te quedas vestido?” era siempre su reproche, el cual era la indicación que yo estaba esperando para desvestirme todo. –“Siempre te desvistes todo, eso me gusta” decía con cara de satisfacción al haber logrado su cometido.

Yo desnudo, ella semidesnuda tan solo con sus bragas me permitía empezar a elaborar una cartografía mental con la yema de mis dedos de su cuerpo. Ella, apenada, cubría discretamente sus Continuar leyendo «Ella»

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Natalie

Todas ellas tienen un precio.

Tanto las anoréxicas que bailan semidesnudas, como las espectadoras recatadas que acompañan a sus esposos.

¿Cuál es el precio de la belleza?

No importa qué tan bonita o sensual luzcas, siempre habrá alguien mejor.

La mujer más hermosa que yo conocí no fue aquí, no, para nada, no tendría cabida aquí, todas esas que estás viendo en estos momentos, no le llegan a Mi Natalie; ni la rubia falsa que usa vestido rojo de satín y tiene labios carmesí y baila mostrando la parte inferior de su negligé, ni la chica morena extranjera que viene acompañando al pobre anciano que más parece su abuelo que su amante, ni siquiera aquélla chica oriental que acentúa el tono blanco de su piel con el vestido negro escotado en el que está ceñida.

Todas ellas tienen un precio.

Tanto las anoréxicas que bailan semidesnudas, como las espectadoras recatadas que acompañan a sus esposos.

¿Cuál es el precio de la belleza?

No importa qué tan bonita o sensual luzcas, siempre habrá alguien mejor.

La mujer más hermosa que yo conocí no fue aquí, no, para nada, no tendría cabida aquí, todas esas que estás viendo en estos momentos, no le llegan a Mi Natalie; ni la rubia falsa que usa vestido rojo de satín y tiene labios carmesí y baila mostrando la parte inferior de su Continuar leyendo «Natalie»

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Cierra los ojos

De todas las cosas que le había pedido que hiciera esta le pareció, si no la más extraña, sí la más personal. Desde hacía tiempo no se había sentido tan expuesta como hasta ahora, siempre se había sentido orgullosa de ser una mujer segura de su sexualidad. Cuando se lo pidió no le pareció la gran cosa, ahora que en verdad tenía que hacerlo se sintió nerviosa.

De todas las cosas que le había pedido que hiciera esta le pareció, si no la más extraña, sí la más personal. Desde hacía tiempo no se había sentido tan expuesta como hasta ahora, siempre se había sentido orgullosa de ser una mujer segura de su sexualidad. Cuando se lo pidió no le pareció la gran cosa, ahora que en verdad tenía que hacerlo se sintió nerviosa.

Él la observaba con cierta curiosidad, estaba semidesnuda recostada en su Continuar leyendo «Cierra los ojos»

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Fragmentos

Me gusta cómo me haces el amor, apenas entras a la casa y me miras de una forma que me detona las ganas que tu ya venías cavilando desde que estacionabas el auto, esa mirada tan segura que no necesita del más mínimo susurro para que yo me sienta halaga de esa manera de desearme con la mirada. Y luego te acercas a mí sin decir palabra, y me besas tiernamente mientras me tomas de la cintura y me subes a la barra, hueles a esa loción que te regalé la última navidad y portas la camisa de seda gris que compraste en nuestra luna de miel, tu pelo suavemente se desliza entre mis dedos y tu aroma me recorre lentamente mientras cierro los ojos y no despego mis labios de los tuyos.

Me gusta cómo me haces el amor, apenas entras a la casa y me miras de una forma que me detona las ganas que tu ya venías cavilando desde que estacionabas el auto, esa mirada tan segura que no necesita del más mínimo susurro para que yo me sienta halagada de esa manera de desearme con la mirada. Y luego te acercas a mí sin decir palabra, y me besas tiernamente mientras me tomas de la cintura y me subes a la barra, hueles a esa loción que te regalé la última navidad y portas la camisa de seda gris que compraste en nuestra luna de miel, tu pelo suavemente se desliza entre mis dedos y tu aroma me recorre lentamente mientras cierro los ojos y no despego mis labios de los tuyos.

Siempre has sabido como rozar mis orejas con una finura que podría acariciar al aire, y deslizas tus dedos por mi cuello y llegas a Continuar leyendo «Fragmentos»

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